viernes, 2 de junio de 2017

De un Martini de Ruvalcaba, Ginsberg y Yoshimoto parte 1

Si Bukowski hubiera sido mexicano sería un Ruvalcaba garibaldi barbón que escribiera hasta quedarse dormido en la barra de cantina entre tequilas y botanas de chicharrón, desde tlalpan hasta la colonia roma. “Se ocioso aconseja la madre naturaleza a los corazones desvalidos” menciona en su obra “El argumento de la espada”, novela que es costal de declaraciones libertinas y bohemias como a las que nos tiene bien acostumbrados.
 
Ser ocioso, pero de qué manera? mirando el techo, acostado en el piso sobre un tapete que es “enemigo de la vulgaridad” o reflexionando sobre la muerte, fantasma que aparece y aparece entre distintos momentos del libro y que me hace recordar que entre más viejo se es más resulta necesario acostumbrarse a su presencia.
 
“Mi padre ANOCHE SE ME APARECIO MI PADRE. Tiene veinte años de muerto y se me apareció anoche. Venía de traje, con su chaleco guinda y su boina azul. Venía de buenas. Traía su violín en la mano, y en la otra las llaves del coche. Venía de buenas porque sonreía. Sonreía como un corderito. Me dijo que venía a devolverme mis lágrimas, que no llorara más por él y menos interrumpiera mis sueños por su recuerdo. Que en realidad no valía la pena y que así era la cosa. De pronto se quedó callado, se echó a llorar y exclamó “no me hagas caso”
 
“La muerte escoge la mejor hora NADIE SE MUERE A LA MITAD DE UN POEMA ni en el momento de declarar su amor o de recibir la llamada del triunfo”
 
“Se muere de noche: cuando dios alguno nos protege y la obscuridad espanta a los audaces y a los niños. Se muere de día, en la pulcra cama de un hospital; o a media tarde, cuando el sacerdote está por marcharse. Aunque señores, los amorosos afirman lo contrario: en realidad se muere siempre, cada minuto; en tanto se viva”
 
 

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